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La verdad de Arcángel29.01.2018

Le gustaba decir al poeta Ángel González que la voz humana es sagrada. Y lo decía no sólo porque la voz es el instrumento más emocionante con el que cuenta la música, sino también porque el relato de la historia humana consigue a veces encarnarse en ella, dejar un rastro, el viento de los testimonios más remotos de la vida y la muerte, del amor y del llanto. Esa es la emoción que siento al oír la voz madura de Arcángel, una verdad hecha de tiempo que se hunde en la memoria para preguntarle al presente por nuestro destino.

Oírlo cantar acompañado de las Voces Búlgaras refuerza este sentido de lo remoto, la leyenda de unos sueños y de unos ecos que nos hacen mientras nos devuelven la emoción del existir humano a través de los siglos. Siempre me parece necesario destacar que los artistas más arriesgados, los que no confunden nunca pureza con puritanismo, ni tradición con tradicionalismo, son los que mejor pueden entablar un diálogo con sus mayores. La voz de Arcángel es modernidad, pasado que se hace hoy y que tiembla en el amanecer, y por eso sabe admirar, sentirse heredero del legado que nos han dado voces como la de Enrique Morente o Camarón.

La fusión reúne tradiciones musicales distintas y personalidades muy sólidas y matizadas para demostrar que bajo las diferencias aparentes hay una emoción común de verdad humana. La técnica convertida en verdad es una maestría que está al alcance de muy pocos. Eso es lo que consigue el arte poderoso, consciente, integrador, inquieto y sabio de Arcángel. No me parece extraño que la figura de Federico García Lorca salga de los libros una y otra vez para recordarnos que las palabras guardan el calor de los cuerpos y el rumor de la vida. Así que pasen cinco años es el título de la obra en la que un Arlequín se pone caretas de alegría y de sueño para sugerir la leyenda del tiempo en la que cantan el alba y la noche.

La voz de Arcángel deshace el hielo, cruza la espesura y nos lleva a través de las corrientes infinitas para sentir la aurora de Nueva York o el curso de los ríos andaluces. El tiempo fluye como las aguas para que los seres humanos naveguen y rueden por la existencia como el sol y la luna navegan y ruedan por el universo. Parece imposible cultivar sobre el agua, echar raíces sobre lo efímero. Pero ahí está el arte para devolvernos un imposible sentimiento de pertenencia, de armonía momentánea entre el viento de los años, los ciclos de la naturaleza y la intimidad de cada corazón.

Sólo los artistas verdaderos saben medirse con los grandes. Es emocionante la autoridad artística con la que Arcángel puede dialogar con Camarón de la Isla, Enrique Morente y Federico García Lorca. Es emocionante que su voz sea capaz de reunirnos con la canción de cuna y el duelo de las despedidas, con la alegría y la tristeza, con la tragedia y la fiesta, con el deseo y el desamor, con la memoria remota de la vida y con las ciudades del siglo XXI. Aquí está, aquí estamos con él, herederos de una historia y dispuestos a mirar hacia el porvenir, continuando en cada acorde y en cada sílaba el relato de la existencia humana.

Luis García Montero

     
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